Preparado para la clase de buceo, Benjamin esperó impaciente a que llegara el profesor. Una mano en el hombro llamando su atención, preguntándole si él era el nuevo alumno, se giró y se enamoró de él con un flechazo, de su contagiosa sonrisa, sus ojitos y de su atractiva cara. Los dos se habían molado desde el primer intercambio de miradas y, mientras estaban practicando en el agua, el profe Damian no paró de decirle que después de la clase irían a las duchas.
Las duchas. Lo pronunciaba como si fueran una parte más de la clase. Damian fue el primero en meterse en ellas. Benjamin esperó su turno fuera, pero enseguida el entrenador le llamó para que fuera con él y allí fue donde terminaron de dar rienda suelta a las fantasías que venían deseando desde que se conocieron. Al alumno le gustaba el profe y al profe le molaba el alumno, que tenía un cuerpazo atlético impresionante y una cara bien guapa enmarcada en esa barba que le quedaba divina.
Sentir el roce de sus cuerpos calientes, torso contra torso, les hizo caer en la tentación. La primera en levantarse fue la pirula del entrenador, que creció, sin exagerar, hasta cinco veces su tamaño respecto a cuando la tenía flácida y colgando sobre las pelotas. De lo dura que se puso haciendo palanca, Benjamin tuvo que apartarse. Lo que vio le dejó alucinado, todo un pollote enorme y gordo rozándole el muslo, deseándole.
Se mostró agradecido y bajó a chupársela. Comenzó tímidamente, mirando a Damian desde abajo, besando el ciruelo, metiéndose un trocito de rabo dentro de la boca, hasta que descubrió que a pesar de que era bien gorda, encajaba perfectamente hasta el fondo y se la mamó hasta las bolas. Damian ya había reconocido que el chaval era un excelente buceador. Ahora tenía que reconocer también que era un experto traga pollas.
Agarró esa cabecita guapa por los pelos, la empujó hacia atrás para verla bien, se agarró la verga con la mano y le dio unos ricos pollazos en los morros. Tragar pollas metiéndoselas por la garganta aguantando la respiración era una técnica excelente para ser buen buceador. Después de preguntarle si le molaba su polla, Damien instó al chaval a devorarle la verga una vez más, solo que su intención no era seguir con los ejercicios, sino que lo gozaba cada vez que la notaba tan estrecha y veía desaparecer su rabo dentro de esa boquita mamona.
Bajó a besarle los morros. Su boca sabía a su rabo y eos le encantaba. Le cogió y le dio la vuelta mirando hacia la pared. Benjamin se inclinó un poco hacia adelante, elevó una pierna para abrir su culete blanquito y redondo y Damian se la endiñó por detrás sin condón. Que en ese momkento el profe tuviera respeto por él preguntándole si le dolía para ir más despacio metiéndole cada centímetro, le hizo sentir incluso más cariño por él. Además de estar bueno, el cabrón era un caballero.
Benjamin le dijo que sí, cuando en realidad lo que quería decir es que se lo follase a saco sin tener en cuenta si dolía o no. Esa pollaza había estado por él desde el primer momento en que se miraron cara a cara bajo la ducha y ahora la estaba notando dura y caliente penetrándole el agujero. El suelo empezaba a resbalar y de tanto empotrarle por detrás, Benjamin comenzó a perder el equilibrio. Pero el profe estaba allí para él, para recogerle, para abrazarle por detrás y darle todo el apoyo que merecía. Para no dejarle caer.
De la ducha se lo llevó al catre. Benjamin estaba seguro de que era allí donde acababan todos sus alumnos, enamorados del profe buenorro, de su cuerpazo musculoso, morenito y atlético, de sus fornidos pectorales que estaban bien apetitosos a la vista. Se tumbó en la cama de sábanas blancas como si le pertenecieran, elevó las piernas y le dejó muslos y el culo todo en uno como si fuera un jamón al que tenía derecho a hincar el diente.
Qué rico estaba el cabrón del profe, con esa silueta perfecta y morena que contrastaba con las paredes blancas de la habitación. Le dejó entrar con todo. Damian empezó a excitarse en demasía. Penetrar ese culo a toda hostia se había convertido en su atracción favorita. Ere orificio estaba hecho para él y se lo folló sin parar hasta sentir la llamada de la naturaleza. Sacó la polla del ojete, se zurció un par de pajotazos y un chorrete blanco y espeso salió despedido mojando la parte por debajo de las pelotas del chaval, chorreando hasta su agujero caliente.
Se la volvió a meter dentro del culo, toda llena de leche recién ordeñada. Sentir ese placer de rabo enorme deslizándose por sus entrañas con toda la lefa encima, hizo que Benjamin se pusiera cachondete. Justo tenía la polla en la mano, masturbándose, así que se corrió y dejó escapar todo su esperma. Unos buenos perdigonazos, mecos jugosos y de un blanco inmaculado sobre su torso.